jueves, 20 de julio de 2017



 Bajar el amor al plano del sexo
Por norma general y, se diga lo que se diga, lo cierto es que cuando conocemos a una persona que nos atrae sexualmente, no nos esperamos a comprobar si ésta es digna o no de nuestro afecto y/o amor. Queremos creer que sí, pero no. Directamente, si podemos, nos metemos en la cama con ella o, dicho de una forma mucho más coloquial, nos la follamos. Y, a partir de ese momento, siempre y cuando, por descontado, la experiencia nos haya gustado, hacemos todo lo que está en nuestras manos para ajustar cada una de nuestras percepciones concernientes a susodicha persona a nuestros intereses personales.    ¿Y cuáles son estos intereses? .Muy sencillo: aquellos que giran en torno a la posibilidad de la construcción de la idea de que hemos conocido a una persona estupenda y, por consiguiente, absolutamente digna de nuestro amor. ¿O acaso no es auto convencernos de haber encontrado al amante perfecto lo que todos queremos?
Sin embargo, en este mundo en el que ahora nos ha tocado alinear nuestras consciencias, no todas las personas son dignas de nuestro amor. O al menos no, de esa forma de amor que nos conduce a forjar poderosos vínculos afectivo/sexuales con ellas. En caso contrario, párense a pensarlo detenidamente, ¿acaso no viviríamos entonces en un mundo muchísimo más armónico y saludable de lo que en realidad es, ya que estaría poblado por un elevado porcentaje de personas maravillosas?
Y es siguiendo estos derroteros como la inmensa mayoría de nosotros, que, por supuesto, también nos creemos seres maravillosos cuando en realidad casi nunca lo somos tanto, nos involucramos en relaciones íntimas con personas que no tardamos en descubrir no ser ni mucho menos lo que quisimos creer que eran. Solo que para ese entonces el vínculo sexual ya está abierto, con todo lo que esto habitualmente concierne. ¿Y qué es lo que habitualmente concierne el haber abierto un vínculo sexual con otra persona? .Simple y llanamente, el haber proyectado nuestra capacidad de amarnos a nosotros mismos sobre esta otra persona y, consecuentemente, el haber desarrollado un vínculo de mayor o menor dependencia afectiva sobre la misma. .Imaginémonos, pues, en qué clase de fregados o incluso de verdaderos infiernos, pueden convertirse nuestras vidas tras habernos acostumbrado a amarnos a nosotros mismos mediante aquellos lazos que nos unen a personas que descubrimos ser indignas de nuestro amor..Aunque, pensándolo mejor, no creo que necesitemos imaginarnos nada; ya que, sin lugar a la duda, la inmensa mayoría de nosotros habremos tenido la oportunidad de experimentar semejantes despropósitos afectivo/sexuales en carne propia. Y es más, por muchas veces que nos la peguemos y duro sea el daño que nos hagamos, parece que no somos capaces de aprender la lección; puesto que aún no hemos salido de uno de estos despropósitos… y nos metemos en otro. Relación más o menos tóxica, tras relación más o menos tóxica…
Dicho esto, la pregunta que entonces cabría hacerse es: ¿Por qué? ¿Por qué nunca aprendemos la lección y nos metemos en continuos follones en los que terminamos proyectando nuestra propia afectividad no ya solamente sobre otras personas, sino, lo que es mucho más grave todavía, sobre personas en mayor o menor grado indignas de ella? ¿Acaso es tanto el placer y son tan numerosos los beneficios que obtenemos al echar uno o mil polvos con ellas? En absoluto; puesto que, más allá de las apariencias, no es la mera satisfacción de nuestros impulsos sexuales lo que determina nuestro comportamiento. Todo esto es algo que hacemos porque, lo creamos o no, hemos sido educados para bajar el amor al plano del sexo. Es decir, porque hemos sido entrenados para desarrollar sentimientos de amor respecto a nosotros mismos, siempre y cuando nos sintamos deseados sexualmente por aquellas personas que nos rodean. Y si alguien tiene alguna duda a este respecto, que se pregunte por qué entonces tendemos a considerar como personas de éxito a aquellas a las que siempre vemos acompañadas de sus respectivos/as amantes. Y si hoy es de un/una amante, mañana de otro/a, y pasado mañana de otro/a más, mejor que mejor. Porque si aprendemos a amarnos a nosotros mismos en la misma medida en la que nos sentimos deseados sexualmente por otras personas… ¿Acaso no conseguiremos sentirnos más y más amados cuanto mayor sea nuestro número de conquistas sexuales?
 Sí o sí necesitamos abrir los ojos. No podemos continuar pensando con nuestras pollas y coños. Nuestro amor por nosotros mismos no depende del cuánto o del con quien follamos. Depende de que seamos o no capaces de escuchar a nuestro corazón y de actuar conforme a sus designios. Cualquier otra forma de engendramiento de autoestima o amor propio, no es sino una proyección en algo externo a nosotros mimos y, por consiguiente, una falacia. Y, sin duda alguna, uno de los designios de nuestro corazón, es el que nos indica que estamos mejor solos que mal acompañados. Algo que, tal y como sucede con cualquier designio del corazón, redundará siempre en beneficio no solo de nosotros mismos, sino de aquellos que nos rodean. No en vano en nuestro corazón sabemos que no hay mejor modo de instigar a otras personas a mejorar, que el decirles “no” o el alejarse de ellas. Aunque eso no significa que vayan a hacerlo solo porque les demos la espalda… pero tan solo de esta forma podremos contribuir a que recapaciten al respecto de lo que hacen. Que luego usen su libre albedrío o no para dar un paso adelante y esforzarse por llegar a ser mejores personas, mucho más dignas de amor, no solo del de otras personas sino también del suyo propio, ya no depende de nosotros. Pero si, por el contrario, los consentimos y nos los follamos instigándolos a sentirse amados por ello, no hacemos sino que afirmarlos en sus defectos y/o carencias además de, ni que decir tiene, vender nuestras propias almas al más bajo precio.
.Si queremos forjar vínculos afectivo/sexuales sanos, con personas que realmente nos merezcan la pena, debemos mirar a quienes nos rodean con el corazón, usando tan solo nuestra intuición. Y para conseguirlo, debemos de dejar de autoengañarnos, hacer a un lado todas aquellas interpretaciones racional/egoístas que empleamos para ver a quienes nos rodean tal y como nos interesa verlos, en lugar de tal y como realmente son. Debemos de aprender a distinguir al amor del enamoramiento, de la pasión y/o nuestros encoña/pollamientos. Debemos de dejar de bajar el amor al plano del sexo… y volver a subirlo al lugar que le corresponde.

sábado, 14 de mayo de 2011

Responsabilízate de lo que dices

Limpia tu lenguaje de tópicos, prejuicios y repeticiones.
Haz las palabras tuyas: creativas, emotivas,
convincentes, sinceras e inspiradas.
Es importante que seas consecuente con lo que dices.
Tus actos deben ir en consonancia con tus palabras, pues si no,
lo único que conseguirás es confundir a los demás e incluso a ti mismo.
La frase "Haz lo que yo diga, pero no lo que yo haga"
es un fiel reflejo de la actitud desconsiderada que muchas veces tomamos,
inconscientemente, con los demás.
Ocurre que nos conformamos con el pensamiento o la palabra,
y no nos atrevemos a pasar de la intención a la acción.
Pero ¿de qué sirve la teoría si después no nos atrevemos con la práctica?
Si decimos una cosa y después hacemos otra muy distinta,
sólo conseguiremos desconcertar a los demás y mostrarnos en desacuerdo con nosotros mismos.
Como ejemplo está el padre que, gritando fuertemente, le dice a su hijo:
" ¡No me levantes la voz". Esta actitud, además de absurda, es inútil.
Y la imagen que damos cuando somos incoherentes
genera desconfianza y tiene muy poca credibilidad.

Ojo con los significados
Vivimos en un mundo de lenguaje, estamos llenos de palabras.
Pero, a pesar de ello. es muy común equivocar los significados de algunos términos.
A veces otorgamos sentidos a las palabras
en función del momento en que fueron pronunciadas
cuando las escuchamos por primera vez,
sin tener en cuenta que entonces pudieron influir un sinfín de cosas,
desde nuestras emociones, hasta las emociones ajenas;
el contexto en que se utilizaron; las razones por las que se utilizaron, etc.
Utilizar las palabras adecuadamente y con rigor
es necesario si quieres conseguir un propósito.
Para ello, lo mejor es decir directamente y con sinceridad
lo que quieres decir, intentando no dejarte influir por el exterior.
Cuando nos desvinculamos de los automatismos, del
" como él me dijo, yo le respondí",
entramos en un estado de receptividad
que deja emerger lo sincero y novedoso del espíritu,
la energía creativa que está en nuestro interior y en el de nuestro interlocutor.
Nacen palabras y expresiones originales y elocuentes que a menudo nos sorprenden;
experimentamos una sensación de serenidad y la irradiamos al otro;
utilizamos menos el pronombre yo.
Paradójicamente, cuanto más auténticos somos comunicándonos,
menos necesidad tenemos de reafirmarnos,
de defender opiniones y rebatir ideas:
la verdad reina en nuestro interior y se hace transparente.
¿Qué sucede? Que los mensajes ya no parten de una personalidad limitada,
siempre orientada a conseguir una finalidad,
sino de una individualidad plena que se expresa como tal.
Comunicar se convierte entonces en un acto de comunión entre dos o más personas:
"Dos llamas se acercan y de repente funden en una.
Ninguna pierde nada, sino que cada una consigue los tesoros de la otra".
No hay mayor entendimiento que éste.

Mide las palabras
No dejemos que las palabras nos devoren y recuperemos el control sobre ellas.
Hablar por hablar es un mal hábito que alimenta los círculos viciosos del pensamiento,
crea confusión (ruido) y nos aleja de la sustancia de la vida.
Liberémonos del exceso de calificativos, etiquetas, asociaciones...
Son las hierbas alrededor de un brote: el mensaje puro que quiero comunicar.
Comunicar es dejar espacio para que surjan esos mensajes conscientes,
creativos, sustanciales, inspirados, elocuentes.
Coleridge, gran poeta, dejó 40.000 poemas incompletos y terminó siete.
Aprendamos de los poetas a comunicar mucho con las palabras justas.

martes, 12 de abril de 2011

Aprende a diferenciar amor de aprobación

De niños aprendemos que, para recibir aprobación, hemos de situar las necesidades de los demás por encima de las nuestras, lo que supone un error.
Entiendo por sucedáneo amoroso la relación afectiva que, aunque consideramos importante para nuestro bienestar cotidiano, no tiene como objetivo ni como resultado mi crecimiento o el de la persona "amada".

Te quiero sólo si haces
lo que yo te digo
En la etapa de los dos o tres años, los adultos empiezan a moldear nuestra conducta a base del "Te quiero si..." y, en sentido contrario, el "No te quiero si..." . A esa tierna edad, el niño comienza a tener necesidades propias que, en muchas ocasiones, chocan con las de su entorno. Entonces tiene que elegir entre contentar al mundo para recibir la aprobación o mirar por su necesidad arriesgándose al rechazo.
El conflicto está servido y, en ese momento de vunerabilidad afectiva, lo corriente e "inteligente" es renunciar a nuestras necesidades, pero ¿a cambio de qué? Pues de una simple aprobación sin garantía de continuidad.
Es un venderme a los deseos y necesidades de los demás (prostitución afectiva) para recibir a cambio una sonrisa, una palmadita o un comentario aprobatorio.


¿Lograste superar
la etapa infantil?
Puedes fácilmente entender que esa actitud de compraventa afectiva no tiene nada que ver con el concepto que queremos manejar del amor.
Esta relación que comienza a tempranísima edad, y que lamentablemente tendemos a perpetuar de por vida, en absoluto está al servicio de desarrollar personas con criterio, sino personajes asustados mendigando torpemente pseudoafecto.
Cuando no maduramos en nuestro concepto de amor y nos quedamos fijados en esa etapa de "amor-aprobación," la existencia se nos hace muy difícil porque la vida se convierte en un juicio permanente que implica:
Atender y satisfacer las necesidades de los demás renunciando a las nuestras.
Vivir asustados y temerosos en espera de que llegue la siguiente sentencia.
Callar, aguantar y reprimir lo que sentimos y pensamos...no se vaya a enfadar alguien a quien queremos.
Delegar nuestra autoestima en el criterio de los demás, sin darnos cuenta de que el criterio depende únicamente de que las espectativas del otro se vean satisfechas.
Contaminar, en definitiva, nuestras relaciones afectivas con el miedo al rechazo, renunciando a la satisfacción del encuentro.

Que te aprueben
no es que te amen
Cuando de pequeños nos enchufamos a la aprobación, hicimos lo que mejor podíamos hacer en aquel momento. Fue la mejor salida estratégica para sobrevivir y tener garantizados los afectos necesarios.
El gran error es quedarnos fijados en aquella experiencia pseudoamorosa y, a día de hoy, muchos años después, seguir creyendo que necesitamos el beneplácito de los demás para mantenernos en pie. Seguir pensando que de la opinión o del juicio de los demás depende nuestra autoestima y seguir confundiendo la aprobación, y la prostitución afectiva con el verdadero amor supone un grave error que, si queremos, podemos solucionar.
Recuerda:
=Mientras el amor es aceptación, la aprobación es una exigencia.
=Mientras el amor es incondicional, la aprobación se basa en un "depende."
=Mientras el amor genera paz y seguridad, la aprobación genera tensión y alerta continua.
=Mientras el amor nos nutre, la aprobación nos empequeñece y limita.
=Mientras el amor no entiende de juicios, la aprobación es una sentencia.
¿De que te sirve establecer y mantener relaciones afectivas que te exigen a cambio renuncia, frustración y miedo? Me despido con una conocida reflexión que procuro tener siempre presente. "Yo soy yo y tú eres tú. Yo no estoy en este mundo para vivir conforme a tus espectativas, ni tú estás en este mundo para vivir conforme a las mías.
Yo atiendo mis necesidades y tú atiendes las tuyas. Si en nuestras necesidades nos encontramos, será maravilloso. Si no es así...dejémoslo estar".

martes, 8 de marzo de 2011

"LA GENTE REBELDE VIVE ILUSIONADA"



Toda rebeldía empieza por uno mismo: soy así, pero quiero mejorar y voy a trabajar duro para lograrlo.
Ahora, en la infancia, disfrutamos de casi todos los derechos, un alto grado de consumo y la gran sensación de poder que otorgan las nuevas tecnologías, para encontrarnos más tarde un mundo adulto difícil y con escasos derechos garantizados (vivienda, trabajo). Años atrás, la infancia difícil te preparaba para el mundo adulto, mientras que, paradójicamente, la infancia actual apenas te permite desarrollar recursos para el mundo competitivo que encontraremos más adelante. ¿Como podemos desarrollar recursos en estas condiciones?
Actuando como un héroe o una heroína y vives para algo más que para ti mismo: para desarrollar tu misión en la vida. Nos han querido hacer creer que es posible ser feliz sin el esfuerzo de la superación, sin enfrentarnos al sufrimiento que a cada uno le toca, sin el dominio de sí, sin el cansancio del esfuerzo, sin la tensión de vivir los compromisos. Quien siga este programa, no es que lo tenga difícil, es que le resultará imposible vivir feliz.
"Consiste en caerse bien" se cae bien quien mantiene una sana relación consigo mismo, y, como consecuencia, con los demás. El resultado de saber para qué estás en la vida, de entender que eres insustituible y que tienes el privilegio de realizar algo que sólo tú puedes realizar.
Ser rebelde, ahora, es más complicado. La vida puede entenderse en clave épica o como un "salvese quien pueda". Ahora prima esta segunda: tengo que vivir, y a ver como salgo adelante de la forma más indolora, sin que me complique demasiado, y consiguiendo las mejores condiciones. Un yo volcado sobre sí mismo de este modo, sin tomar como propio yo, ni siquiera se plantea ser rebelde.
Considero ser rebelde a la capacidad de inadaptación a lo imperfecto de este mundo. El sentido épico del que hablaba antes. El mundo es mio, tengo un protagonismo en mi mundo, y quiero hacerlo mejor. Claro que toda rebeldía empieza por uno mismo: por inadaptarme a lo imperfecto de mí mismo. Acepto que soy así, pero no me conformo. Rebelarse contra los sentimientos, acciones y reacciones míos que son imperfectos, injustos o malos, Rebelarse porque uno quiere generar soló bien cada uno de sus días.
¿Qué nos aporta la rebeldía? Quien es rebelde genera vida, vive ilusionado y recoge satisfacción: le vale la pena vivir. Quien no es rebelde se corrompe, genera muerte y se encuentra incómodo en la existencia y soledad: vive para sí mismo, y ser ombligo del mundo es un sueño que nadie comparte con él. La vida del rebelde no es cómoda, pero es apasionante. La del corrupto es cómoda, pero aburrida. Podemos hacerlo más fácil aceptando que la felicidad es el estado en que se encuentra quien ama y es amado. Es preciso creer en el amor, y no declararlo una ilusión irrealizable por el hecho de que sea arduo. Si amar es darse, entregarse, hemos de admitir que, para darme, lo primero que necesito es poseerme, porque sólo puedo dar aquello que poseo. Por eso, felicidad y dominio de sí van de la mano. Tenemos que perder el miedo a sufrir: sufrir, cuando toca, para poder amar más y mejor. El respeto nos hace más felices. El respeto es la actitud del saber estar, Lo primero para saber estar es abrirme al valor de mi yo y al valor de los demás. Cuando me infravaloro caigo en el yo servil, y el yo superstar, o el yo ninguneado. Cuando me sobrevaloro caigo en el yo cretino, el yo sensual o el yo manipulador.Todos tenemos unas dificultades que debemos superar. Ser responsable supone aceptar vivir como un héroe que lucha por vivir para su misión y no para sí mismo.
¿Como hacernos más responsables de nuestra vida?
Desarrollando la escucha. Es preciso admitir, aunque no nos guste, que el sentido de la existencia no nos lo damos cada uno a nosotros mismos, sino que lo recibimos de fuera. Lo recibimos por la escucha. Escuchar exige que el bien y la verdad concretos puedan hablarnos, y no queden apagados por las egoístas conveniencias personales. ¿Porque cuesta tanto pedir perdón? Los espíritus acomplejados piensan que pidiendo perdón pierden autoridad o prestigio. La verdad es la contraria: todos tenemos experiencias de la grandeza que supone ser capaz de reconocer un error personal y pedir perdón a uno mismo y a los afectados: los demás. Si nos cuesta pedir disculpas, quizá sea porque el yo cretino se ha apoderado de nosotros, o porque exige rectificar... y preferimos seguir en nuestro error. Hay que ser muy libre para pedir perdón: supone enfrentarme a mí mismo y ponerme al lado de la verdad. Sólo el hombre muy hombre es lo suficientemente libre para pedir perdón.

lunes, 24 de enero de 2011

¿Ingenuo? Quizás, pero más feliz.



"La mayoría de los obstáculos a la felicidad
 son formas equivocadas de pensar que nos impiden ser felices:
compararte con los demás, no estár nunca satisfecho,
ver siempre la botella medio vacía, no aceptar a los demás como son,
no aceptarse a uno mismo".
Tu puedes aprender a ser feliz.
Últimamente observo numerosas muestras de ese pensamiento negativo
en forma de desconfianza hacia los demás.
Creo que la desconfianza es un auténtico cáncer
que se extiende por los tejidos de la sociedad y
que devora más aún al desconfiado que a quien hace objeto de sus sospechas.
No puedes disfrutar de la vida ni de las relaciones
si tiendes a interpretar que quienes tienes enfrente
(vecino, compañero de trabajo, pariente)
está contra ti o que va a jugartela en cuanto te descuides.
Ese sentimiento seca el corazón y aisla.
No te dejes contagiar por esa especie de atmosfera
de confrontación que invade la vida social y
que sólo puede acarrearnos daño,
en estos momentos en que todos deberíamos de intentar unirnos.
La confianza es el sentimiento más trasformador y retributivo.
Por favor, confía. Nadie te amenaza, nadie quiere tu mal.
Míranos a todos como si fuéramos personas de fiar.
Y verás que en verdad lo somos.

jueves, 30 de diciembre de 2010

"Lo más valioso está dentro de ti"

Para descubrirlo, quizás debas asignarle menos importancia a lo que sucede en el exterior y profundizar en tu auténtica esencia.
Tendemos a identificarnos con nuestras tradiciones culturales como si fueran las únicas posibles o las mejores. Pero el estilo de vida patriarcal y androcéntrico que caracteriza a nuestra cultura empezó a perfilarse hace seis milenios y,
aunque pudo tener un sentido de supervivencia entonces, hoy ya no nos vale.
 Nos ha conducido a la confusión y a una sociedad peligrosa.
Es tiempo de abandonar unos valores para recuperar otros;
de soltar un estilo de vida para acceder a un estado de conciencia superior.
La clave de nuestros males está en la educación y la cultura,
me gusta usar la palabra "ceguera" para expresarlo.
Hoy se tiene muchos conocimientos científicos,
mucha información, pero nada de sabiduría.
A pesar de que haya tanto saber,
la nuestra es una cultura inspirada en una ignorancia fundamental.
En el mundo occidental no se tiene una noción clara, ni aproximada,
de lo que es un ser humano completo, desarrollado.
 Así como la ciencia duda de la experiencia mística,
duda también de la percepción de los místicos de todas las culturas y tiempos,
o de que existe otra realidad ( de la cual ésta que conocemos es como la cueva de Platón).
Si se carece de la idea de que la vida tiene el sentido de crecer para llegar a ser más de lo que somos,
hay una pérdida de sentido.
Y la vida sin sentido no es vida... No habiendo sentido de la vida,
la gente se queda vacía, Y de este vacío,
de esta insatisfación surgen toda clase de deseos ficticios y las emociones más bajas,
como la codicia, la vanidad, el narcisismo... Y todo está avalado por la cultura.
¿ No hay lugar para la ética en nuestra cultura?
No es parte de nuestra cultura un verdadero sentido ético.
Se podría decir que es una cultura de corrupción,
por cuanto ya no se cree que hay que ser bueno.
Se toma la bondad por una especie de superstición antigua de las personas ingenuas.
No se considera que tenga un valor o ventajas de algún tipo.
La nuestra es una cultura de bote salvavidas, de naufragio.
Insisto en lo mucho que nos ha robado esta civilización patriarcal,
que nos ha robado mucho a nosotros mismos.
El sentirnos seres vivos existentes.
Parece que fuera una obviedad que existimos,
pero el hecho es que no tenemos la sensación de existir.
Sentir de verdad que uno existe es una fuente muy grande de poder no susceptible a superficialidades.
Saber que uno existe es una experiencia desconocida para el común de la gente.
Es lo que llaman Dios. Dios es una fábula pero la divinidad existe en cada uno de nosotros;
si la descubres en ti mismo, la encontrarás en todo lo demás.
Es un valor supremo, que es lo que no percibe la ceguera que padecemos.
Decimos, como descartes; pienso, luego existo, pero ese yo del que hablamos,
con el que nos identificamos, es puro pensamiento.
Hay que deconstruir ese yo porque solo es una máscara, un falso ser,
un aparato que creamos para defendernos del mundo:
Es como una crisálida de la cual hay que volar.
¿ Como salir de esa crisalida? A través del autoconocimiento, el reconocimiento.
¿Como? Tomar distancia nos permite la toma de conciencia.
Yo estoy frente a mi mismo como si fuera otro.
Si observo y tomo conciencia de los pensamientos,
puedo decir: este pensamiento ocurre en mi pero yo no soy ese pensamiento.
Si no, caes en el error automático de creer que eres tus pensamientos.
Volviendo a la mente patriarcal,
tendemos a creer que la civilización en que vivimos es sinónimo de desarrollo y evolución.
Nos sentimos orgullosos, con cierto sentido de superioridad sobre otras, pero ni mucho menos.
Esta nos roba el sentido de la vida, la felicidad, la capacidad amorosa.
Y no nos damos cuenta de que los hemos perdido.
Pero si miras la historia verás que es un río de sangre.
Hay quienes creen que es así porque el ser humano es así.
No es nuestra naturaleza; sólo es nuestra personalidad.
El resultado del dominio masculino sobre el femenino, propio de la civilización patriarcal.
¿ Por qué las grandes civilizaciones son patriarcales?
No siempre ha sido así.
El patriarcado es un invento de la humanidad que tuvo lugar hace unos 6.000 años.
El padre se adueñó de la mujer y de los hijos y su voz se hizo ley.
Pero no siempre fue así.
¿Que ocurrió entonces?
Parece haber sucedido una revolución sangrienta,
que se refleja en muchos mitos, como el de Perseo,
que le corta la cabeza a la Gorgona, que es una diosa de cabellera de serpientes.
Hasta entonces dominaba la sociedad, el culto a la fertilidad y a lo femenino,
pero tiene lugar un cambio climático desastroso y la mente grupal es lenta,
poco receptiva al cambio y la innovación.
La tierra se estaba secando y los hombres tomaron el poder
y decidieron que había que hacerse malos para sobrevivir.
Entonces se idealiza la violencia como una forma de enmascarar el sentimiento de culpa.
Se institucionalizan los sacrificios (de animales, personas) y se sacraliza el matar.
Se inventan un Dios hombre que dice mata.
El problema es que aún seguimos así. Quizás tuvo un sentido histórico en su momento,
pero nos quedamos pegados ahí, en la agresión, en la insensibilización.
Aquel movimiento tuvo una inercia que aún sigue funcionando,
y seguimos deshumanizándonos en lo que llamamos es desarrollo.
Hago u llamamiento ahora a dar el salto a un grado de civilización más elevado.
¿En que consiste y cómo hacerlo?
Lo primero que hay que hacer es comprender nuestra idealización de la civilización
¿Hacia donde conviene cambiar?
El modelo que propongo es una sociedad en la que haya un equilibrio entre los valores materno/paterno/filiares; una armonía entre el pensar, el amar y el instinto;
entre el animal y el ser amoroso que somos
y el ser astuto en el que nos hemos convertido por exclusión de los otro dos aspectos:
un ser astuto sediento de poder.
Casi todos los conflictos sociales y políticos son conflictos que no hemos resuelto internamente.
No desaparecerán los conflictos externos hasta que no seamos seres unificados.
Y para esto,
¿Que podemos hacer, cada persona individualmente, en el día a día?
Lo primero, dejar de idealizar el estado actual de las cosas.
Seguidamente, trabajar en la conciencia personal.
Hay que buscar el reino de Dios, que está en nuestro corazón,
y lo demás nos vendrá por añadidura.
Lo más valioso de la vida está dentro de nosotros.
Hemos perdido el goce de vivir.
Hay una aspiración a la felicidad en todos nosotros que ha sido descuidada por la cultura.
Los profesores no se interesan por la felicidad de los alumnos,
y, si lo hacen, podría ser que les expedientaran por abuso.
Pero en realidad los profesores deberían ser educados para eso y,
sin embargo, el espíritu de la educación ha sido "la letra con sangre entra".
Cuando hablo del goce de vivir me refiero exactamente al goce de ser, que es el más profundo.
Pero como pocas personas llegan a eso,
en segundo lugar podemos hablar de un goce más modesto:
el bienestar de la salud emocional y espiritual de una persona integrada.
La mayor parte de las personas están llenas de amputaciones psíquicas.
Pero un ser completo, armónico, vive en el paraíso.
¿Como explicarle lo de vivir en el paraíso a una persona que siente que vive atrapada en u sinfín de compromisos:
la hipoteca, un trabajo que no llena, una situación familiar o personal difícil...?
Sentir que estás bien encaminado ya es mucho:
Hay muchas personas que no tienen una estrella polar y están navegando sin mapa, como perdidas.
Pero si tienes una comprensión del momento y un proyecto significativo,
puedes encontrar una relativa felicidad al poder decir: aunque no esté bien, voy bien.
Eso ayuda a sacar energías en las circunstancias
adversas.                                                                                 Fotografía Paco Alonso   
También ayuda saber que uno está lidiando con las dificultades inevitables de la vida de una forma correcta. Por ejemplo pensando: la vida con este problemas me está dando una oportunidad.
Y generalmente es así. Los problemas son regalos.
Están muy bien prescritos,
como si a vida fuera una lección muy sabia que la mayor parte de las personas no saben interpretar:
y, en lugar de apreciarlos y sacarles partido, se quejan.
Ya lo decían nuestras abuelas, que la vida es la mejor maestra que existe...
Una persona con visión siente que e maestro está en todas partes,
que la vida siempre te está enseñando.
Cuando esto empieza a ocurrir es una señal de que la persona no está tan ciega.
Es la diferencia entre el infierno y el purgatorio: el infierno es un sufrimiento inútil;
es diferente sufrir con un sentido, entonces estás en el purgatorio.
 Y cuando has dejado de sufrir, pase lo que pase, es que ya estás en el paraíso.

martes, 14 de diciembre de 2010

CAMBIA TU PERCEPCIÓN DE LA VIDA: PERDONA

¿ A cuantas personas guardas rencor por lo que te hicieron en el pasado?
¿ Cuantas situaciones de tu vida sigues calificando de injustas?
 No te engañes. Si sigues sufriendo,
si te sientes víctima del mundo o de alguna persona en concreto,
si por dentro estás juzgando o atacando a lo que ves..
es que aun no has perdonado lo que debías o a quien debías perdonar.
El perdón se caracteriza fundamentalmente por sus efectos:
paz interior y liberación de los hechos y las personas.
Puede que pienses que has hecho un buen numero de visualizaciones
(que por cierto, siempre ayudan)
para tratar de perdonar a esa persona que te hizo daño,
o que hayas llorado algo tan intensamente que te da la sensación de que el perdón ya esté incluido.
Sin embargo, el perdón no se define por el esfuerzo realizado ni por la cantidad de sufrimiento que hayas expresado. Se define por sus efectos liberadores,
y estos suceden sólo cuando en la profundidad de tu mente
se asienta un verdadero cambio de percepción.
El perdón comienza con una decisión.
Una decisión sobre el modo de ver el mundo y a uno mismo.
Y el modo de ver está íntimamente relacionado con el modo de ser.
Según somos, así vemos el mundo, y según vemos el mundo, así creemos ser.
Esto se debe a que, en realidad y tras la apariencia de un cuerpo,
una serie de disfraces sociales y una batería de recuerdos personales,
lo que somos es conciencia pura. La conciencia se define por ver.
El "modo de ser" no es otra cosa que un particular modo de ver o percibir al que habitualmente llamas "yo".

Una decisión de cambio

¿Cual podría ser el motivo para desear cambiar mi modo de ver/ser?
Primero, uno tendría que aceptar la idea de que, efectivamente,
según mi modo de ver siento de un modo u otro; por lo tanto,
soy el responsable de mis propios sentimientos. Además,
es preciso haberme percatado de que dispongo de la capacidad natural
intrínseca de cambiar esos programas y patrones mentales
que organizan mi modo de ver y que causan mi malestar.
Por último, es necesario reconocer que con el modo de ser actual
experimento sufrimiento de diversos modos.
Y no estoy dispuesto a conformarme.
¿Por qué hacerlo si está en mi mano cambiarlo?
Resumiendo, para cambiar de un modo natural deben encajar tres factores:
es razonable, es posible y es mi voluntad.
La misma experiencia del cambio de percepción te hará saber además
que es el único modo auténtico de dar un autentico beneficio sustancial
y profundo a ti mismo y a tu entorno en cualquier situación de conflicto.

Cambiar la mentalidad

Si hablamos de un cambio de mentalidad,
estamos hablando de un cambio profundo,
y por supuesto tu "mente programada"
o ego intentará una y otra vez evitar que tú realices ningún tipo de cambio interno,
impulsándote más bien a todo tipo de esfuerzos e intentos proyectados a lo externo.
Desde la humildad de comprender que algo debo estár percibiendo mal,
ya que experimento sufrimiento y además hago sufrir a los demás,
me veo con el suficiente poder para cambiar mi interior.
Todavía no sabemos cómo vamos a cambiar,
pero ya hemos dado el primer paso: estamos dispuestos a ello.
En esta primera y profunda decisión comienza el perdón.
Y no sólo comienza, sino que esta decisión debe actualizarse cada día y,
 particularmente, en cada perturbación emocional.
Por un lado es importante recordar cada día nuestra intención de cambiar interiormente,
en momentos de autoconciencia, silencios, meditaciones o prácticas interiores,
cualquiera que sea nuestra manera, pero de un modo voluntario, consciente y cotidiano.
Por otro lado además, cada emoción debe de ser atendida desde esa actitud,
ha de ser acompañada con este espíritu de cambio profundo.
Es como un entrenamiento mental nuevo para no reaccionar como siempre,
sino que recordemos nuestra decisión de cambiar.


Y no queremos cambiar la emoción en sí, que es un honesto indicativo,
un mensajero al que nos abrimos, sino que estamos trabajando
para penetrar en la causa interna donde se produjo el sufrimiento.
Hacia el amor

Según avanzamos en la práctica del cambio de percepción,
la certeza íntima de ser amor se hace firme, profunda,
una identidad sin forma ni límites que te hace sentir seguro pese a la incertidumbre.
El ser se hace accesible según te vas limpiando interiormente de miedos, culpas y victimismos.
Eres inocente, nada pudo pasar de otro modo, no hay nada que temer, ni que controlar.
No hace falta luchar, no hay nada contra lo que luchar.
Sentir es descubrir, cambiar es aprender, amar es expresar mi Ser.
Mi función es darme completamente a este cambio,
mi función es perdonar y en ella radica mi felicidad.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Cómo liberarnos del virus de la culpa


Cometiste un error y te sientes culpable?
Nos ocurre a todos, pero conviene reflexionar al respecto
y tener en cuenta algo: en aquel momento,
cuando actuaste, no te pareció un error.
Tus programas mentales, tu sentir de ese momento,
tus miedos y deseos, te llevaron a elegir desde tu interpretación de ese instante.
No encontraste nada mejor que hacer; la prueba es que no lo hiciste.
 Puede que fuera el miedo el que te impulsó a actuar,
o la falta de información, o el desconocimiento, o la inesperiencia,
 porque el error siempre es producto de la inconsciencia.
Si no veías, es decir, si no eras consciente, ni siquiera tenías la libertad de elegir.

Las acusaciones
"Debiste haber pensado más en ello", "Tenías que haber calculado las consecuencias",
"No miraste el asunto desde otros puntos de vista"...La culpa dice que,
cuando no eras consciente, bebiste haberlo sido.
Por eso te hace sentir que eres incorrecto o erróneo, que eres malo.
Pero aunque alguien te agarre de las solapas y te diga
"Hazte consciente" mientras te zarandea, no lo logrará.
La consciencia surge desde tu ·darte cuenta·,
que es un gesto de apertura mental de índole personal y profunda trascendencia.
No sabemos por qué ni cuándo ocurre. Cuando lo ves lo ves.

La proyección de la culpa

Cuando algo nos duele, nuestro ego automáticamente proyecta su causa afuera,
culpando a las personas que están más cerca de ese dolor.
Pero está fuera de lo razonable exigir consciencia de algo a alguien,
igual que un niño no le pedimos que sepa andar antes de tiempo,
ni le consideramos malo por caerse una y otra vez.
Asumimos que el error es parte del proceso de aprendizaje,
y percibimos el éxito potencial más allá del error presente.
Imagina que te encuentras realizando un trabajo casero,
como tender una colada. No te gusta,
y de repente algo en tu mente no te hace sentir muy bien.
Sientes que tú no deberías estar haciendo esto.
Es una leve irritación o, mejor dicho,
una resistencia a lo que estás haciendo.
Percibes que sufres, aunque sea muy levemente.
Y crees que si hay sufrimiento, hay error.
Inmediatamente y sin darte cuenta, buscas al culpable.
En tu mente nace una idea:
"Este trabajo debería estar haciéndolo mi marido,
él nunca hace nada en casa". Ya está.
No sólo sufres por el hecho de resistirte a hacer el trabajo,
sino que además te sientes atacada.
Este nuevo pensamiento justifica el que empieces a elaborar tu propio ataque hacia tu marido.
¡ necesitas defenderte, hacer algo con tu sufrimiento!
En poco tiempo te encuentras odiándole.
La guerra está servida.
La culpa da sentido al ataque
Estos ataques mentales,
convenientemente repetidos y con una constante inversión emocional,
 producen todos los conflictos, todas las luchas,
todas las guerras que la humanidad vive.
De los ataques mentales surgen los mal tratos emocionales y,
como consecuencia, los maltratos físicos. Después,
solo falta esperar la cadena de venganza.
Siguiendo con el ejemplo de la colada,
la persona que repentinamente experimenta resistencia
al trabajo que está realizando ha perdido la presencia,
la aceptación de su circustancia presente.
Esa resistencia psicológica al momento,
estrictamente interna, es la causa verdadera e inatendida del sufrimiento.
Porque todo el sufrimiento que experimentas procede del interior de tu mente.
El perdón es la única forma de sanar la culpa,
y comienza por darnos cuenta de que, realmente,
la misma idea de la culpa es una locura.
A partir de ahí,
el trabajo pasa por hacernos conscientes de nuestro dolor inconsciente según surge,
y resolverlo responsablemente con herramientas liberadoras,
en lugar de dejarnos llevar por el programa estándar
de culpabilización y ataque que nos sume en el victimismo.
Ni tú ni nadie es malo o inadecuado. ¡Somos vida pura!
Sin embargo, todos hacemos la guerra al crear sufrimiento en nuestro entorno,
porque constantemente nos estamos proyectando unos a otros la idea
" eres malo" mediante el mecanismo de la culpa.
¿Como vamos a llegar a experimentar lo que realmente somos
si seguimos sometidos a semejante programa?

El perdón es el proceso interno y personal que sitúa toda tu atención en lo importante:
deshacer la culpa para encontrar la verdadera paz interna y la liberación de tu mente.
Supone un proceso de ampliación de la conciencia que te permite
mirar los modos en los que la culpa opera en ti,
para así poder ver que, en realidad, la culpa nunca ha existido.
Al desaparecer ese virus de tu mente,
comprenderás y sentirás qué es lo que tú y cada ser humano es realmente.